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CAIDA DE UNA BOMBA ATOMICA 2

 

PELIGROSOS JUEGOS BÉLICOS DURANTE LA GUERRA FRÍA

 

En la noche del 5 de febrero de 1958, a las 2 de la mañana, hace 58 años, un bombardero Boeing B-47 Stratoject que portaba una bomba de hidrógeno Mark 15 de 3500 kg, en un vuelo nocturno de entrenamiento sobre el Atlántico, frente al estado norteamericano de Georgia, sufrió un encontronazo con un caza Sabre F-86 a once mil metros de altura. La colisión desintegró el caza, dañando gravemente el ala y un motor del bombardero. Desde el mando del vuelo y por radiotransmisión, se ordenó al piloto mayor Howard Richardson que se deshiciera de la bomba antes de intentar un aterrizaje en condiciones tan precarias para evitar un accidente nuclear. El piloto lanzó la bomba a las aguas supuestamente poco profundas de Wassaw Slought, en la desembocadura del río Savanah, cerca de la ciudad de Tybee Island, donde pensó que el artilugio nuclear sería fácilmente recuperado.

La zona donde se supuso que cayó la bomba fue acordonada posteriormente sin dar explicaciones, durante más de seis semanas se la buscó infructuosamente con buzos y submarinos, siendo suspendidos súbitamente los trabajos de búsqueda, no regresando jamás al lugar los equipos de rescate, quedando  discretamente encubierta la pérdida de la bomba H que había caído cerca de la ciudad de Tybee Island.

Se tomó a este asunto como un problema de envergadura y el Pentágono lo declaró como cuestión del máximo secreto, no transcendiendo al público lo ocurrido, sin embargo, la bomba perdida, fue considerada una amenaza ya que la contenía una fuerza explosiva  cien veces superior a la que arrasó Hiroshima en 1945. Algunos periodistas se enteraron de la pérdida del dispositivo nuclear e intentaron divulgar el hecho, pero el Pentágono los disuadió para evitar alarma social, admitiendo que la explosión de un dispositivo de tales características, aparte de los daños inmediatos, difundiría la radioactividad en un amplio espacio, cosa que no iba a ocurrir con el artefacto de referencia ya que disponía de medidas de seguridad. El asunto fue olvidado todos estos años pero, recientemente, una compañía de rescate reveló la existencia del proyectil y ofreció su hallazgo y recuperación por un millón de dólares. Esta noticia produjo miedo e indignación a los habitantes de la zona, los cuales han promovido una investigación del Congreso y una protesta del representante de Georgia en el Congreso, por el horror y estupefacción de la población a causa de haber vivido tantos años en peligro sin saberlo. La Fuerza Aérea en su descargo afirmó que el dispositivo nuclear perdido no estaba armado con un disparador de plutonio, lo cual ha sido desmentido ya que se sabe que en aquellos años de la Guerra Fría, ninguna bomba nuclear se cargaba en un avión sin que estuviera totalmente armada y lista para ser deflagrada y la única forma de anular su poder explosivo era la separación física de la cápsula de plutonio del resto del artilugio, hecho improbable dado el desconocimiento de su lugar de ubicación. El artefacto, además disponía de 181 kgs. de TNT, explosivo sensible a la humedad y cuya deflagración haría implosionar al disparador de plutonio, dando comienzo a la explosión nuclear.

Se sospecha que el artefacto está enterrado en algún lugar, incrustado bajo cuatro metros y medio de arena y su radiactividad subyacente puede estarse filtrando hacia lugares de la costa ricos en cangrejos y otros mariscos, por lo que las emisiones pueden estar  pasando a las personas por la cadena alimentaria. En la actualidad existen empresas de rescate marino capaces de hallar el aparato y los residentes del lugar exigieron que se encontrase a cualquier precio, planeando emprender acciones legales contra los responsables de esta preocupante situación, pero el deterioro de los metales que lo contienen pueden producir fugas si es manipulado, asi que se ha determinado que será más peligroso extraerlo que dejarlo donde está.

Este no fue el único ingenio nuclear que cayó durante la psicosis de un supuesto ataque por parte de la URSS y, después de la pérdida de la bomba en la desembocadura del río Sabanah, dos años después, el 21 de enero de 1958, otro B-52 se estrelló en Groenlandia y sus cuatro bombas H expandieron parte de su carga nuclear y el calor desarrollado encapsuló las bombas en el hielo, dificultando su recuperación.

Finalmente, el 16 de enero de 1966, en la costa española de Almería, cerca del pueblo costero de Palomares se produjo  el accidente de un bombardero Boeing B-52 Stratofortress, cayendo tres bombas H a tierra, explosionando el TNT de dos de ellas, expandiendo uranio y plutonio a su alreededor  y, a pesar de que varias toneladas de tierra afectada fueron evacuadas a cementerios nucleares, las propias autoridades norteamericanas desconocen la dimensión total de la contaminación que queda en la zona. La prensa estadounidense se hizo eco del hecho de que, mientras el personal norteamericano trabajaba con ropas de protección anti radiación, los guardias civiles también colaboraban en la búsqueda de fragmentos desperdigados con la sola y discutible salvaguarda de sus tricornios. El cuarto dispositivo cayó al mar a 13 kms. de la costa, siendo recuperada trabajosamente después de varios meses de búsqueda.

Como consecuencia de estos accidentes podemos afirmar que, los errores desencadenados por la fuerza aérea Norteamericana durante la Guerra Fría, casi producen el temido conflicto nuclear mundial sin necesidad de ninguna ofensiva por parte del enemigo, la URSS.

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